22 nov, 2008

MOMENTOS DE REFLEXION: Pedro P. Zaragoza

 MOMENTOS DE REFLEXION:

 

PEDRO PABLO ZARAGOZA LOPEZ.

18/10/2008

 

 

 

         En estos cinco años que llevo en el movimiento asociativo de enferm@s alcohólic@s, he vivido y sentido experiencias de todo tipo, algunas no se pueda describir con palabras, pero voy ha intentar contar algunas de ellas.

 

         Desde el día que entre en la asociación ya sentí algo especial, que en su momento no pude apreciar, dado que todavía estaba ciego a consecuencia de la adicción  al alcohol y otras sustancias, pero lo que si puedo contar, es que recibí un cariño especial y una comprensión que no había notado en mi vida, por primera vez había encontrado ha alguien que entendía lo me estaba pasando y que me ayudarían a salir del pozo donde estaba metido. Todo aquello que me entregaron el día de la acogida me hizo sentir ya otra persona distinta y desde entonces soy otro. Desde ese mismo día  no he parado de conocer gente que tiene la misma enfermedad,  me resultaba increíble al principio ver tantas personas con el mismo problema. Me había sentido tantas veces solo e incomprendido en la vida,  creía que mi problema era el más grande y que no se lo podía contar a nadie, porque no me entenderían.

 

 Con el tiempo la verdad que uno se lleva muchas decepciones, por gente a la que has intentado ayudar y por una cosa o otra no han conseguido integrarse en los grupos,  pero en este movimiento  uno se lleva mas alegrías que sinsabores, ya  que son muchas las familias que conoces las cuales llegan destrozadas por el alcohol y puedes disfrutar junto a ellos de cómo se recomponen y empiezan ha integrarse en la sociedad, la verdad que uno se siente una satisfacción especial y te sientes totalmente realizado.

 

         Y por todo lo que he empezado a sentir en estos años, he decido colaborar con la asociación para seguir ayudando a todas aquellas personas que tengan problemas con el alcohol, ya que la mejor forma que tengo de agradecer a todos los que en su día me salvaron la vida, es seguir trabajando por la asociación, porque considero que es de bien nacidos ser agradecidos.

 

         El estar dentro de los grupos me refuerza para poder seguir rehabilitándome y sentirme mejor persona, cada día encuentro nuevos valores y sobre todo tengo la oportunidad de conocer grandísimos seres humanos, con las cuales poder compartir y poder enriquecer mi interior, ya que esta es la verdadera riqueza del ser humanó,  lo que mas me sorprendió de todo este movimiento es que las personas colaboran de forma altruista y sin esperar que nadie se lo agradezca, se trabaja de forma humilde y sincera y esto hace que se convierta en una cadena de favores y que la mayoría de los que pasan por las asociaciones quieran seguir colaborando. Yo personalmente puedo decir que encontré un tesoro desde que estoy colaborando con Preamar. Que es el haber sentido por primera vez en mi vida lo que es la paz interior.

 

         Quiero terminar con esta reflexión ya que hay veces que pensamos que nuestros problemas son los más grandes y pesados:

 

         Este texto lo dedicamos a todas aquellas personas que por diferentes motivos, pero sobre todo por enfermedad, piensan en algunos momentos que su cruz es la mas grande y difícil de soportar.

         Un joven sentía que no podía más con sus problemas. Cayó entonces de rodillas rezando: Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada.

         El Señor le contesto: Hijo mió, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación. Después escoge la cruz que tú quieras. El joven suspiro aliviado: gracias Señor.

         Luego dio muchas vueltas por la habitación observando las cruces, había de todos los tamaños. Finalmente fijo sus ojos en una pequeña cruz apoyada junto a la puerta y susurro: Señor, quisiera esa cruz. El Señor le contesto: Hijo mió, esa es la cruz que acabas de dejar.

 

          Esto mismo sentía yo antes de encontrar  la asociación, pensaba que mi cruz era la mas grande y pesada, estaba ya cansado de hacer tanto daño a mi mismo y todas las personas que me rodeaban. Pero he aprendí a vivir con ello, gracias a mi fuerza de voluntad y la ayuda recibida por todos los que componen la asociación, mi familia y amigos, a día de hoy sigo llevando la cruz pero no estoy cansado, tan solo tuve que reconocer que era un enfermo alcoholico.  Si uno quiere es posible salir del infierno de las adicciones.

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