27 feb, 2010

Testimonio de un enfermo

      Hola, me llamo Manuel, soy enfermo alcohólico y llevo bebiendo, aproximadamente 33 años.

 

      En estos años he ido viviendo etapas muy distintas, me fui convirtiendo en alcohólico sin darme cuenta. 

 

      Aunque he estado bebiendo durante mucho tiempo, realmente mis peores años han sido los últimos diez años y en especial los cuatro últimos años, durante los cuales no podía estar ni un día sin beber. 

 

      Por las noches, me hacía la promesa de que al día siguiente no iba a beber, pero me engañaba pues nada mas levantarme y a pesar de los remordimientos que tenía, no podía dejar de pensar en la botella y bebía en ayunas hasta reventar.

 

      En estos últimos cuatro años la relación con mi mujer, con mi hijo y con mi familia iba cada día peor. Notaba que mi mujer y mi hijo me tenían miedo, no hablaba con ellos y las pocas veces que lo hacía era gritando.

 

      Tenía una guerra interna y me consolaba diciendo que yo no maltrataba ni a mi mujer ni a mi hijo porque no les pegaba, pero era peor el trato que yo les daba, siempre gritándoles, dejando de hablarles, no haciéndoles caso, en general ignorándoles.

 

      Con el tiempo me fui convirtiendo en un maestro de la mentira hasta el punto de creerme lo que decía.  No admitía consejos de nadie, no quería reconocer mi problema, cuando se hablaba del alcohol siempre me daba por aludido y contestaba de malas maneras diciendo que yo lo tenía todo controlado aunque en mi interior sabía que me estaba mintiendo.

 

      Hice llorar y sufrir a mi mujer y a mi hijo sin saber como pararlo, esto es algo que no me podré perdonar.

 

      Ahora que estoy mas sereno es cuando me doy cuenta de lo que el alcohol ha hecho con mi vida:

 

-          He sentido el rechazo familiar

-          Rechazo de la sociedad

-          Abandono total del aseo personal

-          Pérdida del control

-          Problemas laborales

-          Problemas personales, etc.

 

      Mi mujer y yo pensábamos que el alcoholismo era una enfermedad como otra cualquiera, que te ponías en tratamiento y al cabo de un tiempo podías volver a beber.

 

      Nada mas lejos de la realidad, esto es de por vida, hay que vivir el día a día sin hacer planes y solo ponerte como meta de ese día “no beber” y ser persona, a mi el alcohol me convirtió en un ser despreciable inseguro e incomprendido, en definitiva había perdido la autoestima,  estaba rodeado de gente y me sentía solo, me sentía un fracasado y un resentido si algo no salía como yo quería.

 

      Me he sentido culpable por no poder controlar el consumo de alcohol, sabía que le hacía daño a mi mujer y a mi hijo pero nunca lo reconocía, me convertí en una persona chantajista, exigente y manipuladora.

 

      Hay días de mi vida que no puedo olvidar  por lo que han supuesto, en estos días fui un despojo, amigos y vecinos me recogieron de la calle tirado y meado como una piltrafa humana.

 

      No fue por mucho tiempo pero me vi. obligado a abandonar la convivencia con mi mujer y con mi hijo e irme a vivir con mi madre, durante estos días comprendí que si no empezaba a cambiar iba a perder lo que mas quería en este mundo, mi mujer y mi hijo.

 

      Gracias a dios en uno de estos días algo dentro de mí me dio fuerza y valor para reconocer por primera vez en mi vida, que era un enfermo alcohólico.

 

      El día de mi acogida y mi primera terapia fue el 16 de mayo de 2009, pero yo seguí viviendo hasta el día 19, a las primeras terapias iba obligado, ya que de esta forma mi mujer estaba mas tranquila, al principio no le daba importancia a las terapias, pero siempre me quedaba con algo, ahora gracias a ellas noto que poco a poco voy cambiando y me voy centrando más en la vida.

 

      Sigo teniendo altibajos, discuto con mi mujer, me enfado, pero es distinto. Las formas no son las mismas hay diálogo, hay disculpa donde antes siempre había gritos y yo siempre era el que tenía la razón y todo el mundo estaba equivocado.

 

      Llevo nueve meses sin beber y me pregunto dónde estaría si no hubiese conocido nuestra asociación, de lo que si estoy seguro es de que no estaría ni con mi mujer ni con mi hijo, Por eso considero que es muy importante  que reconozcamos nuestra enfermedad, que sepamos pedir ayuda y que no perdamos nunca el contacto con la asociación.

 

      Yo tengo que dar gracias a Dios, no por tener esta enfermedad sino porque con ella me ha permitido conocer a personas que han sabido escucharme, me han entendido y me han  tratado como si fuesen mi familia. Esas personas sois todos los integrantes de Preamar, gracias por haberme acogido como lo hicisteis y gracias por el apoyo que dais día a día, sin vosotros estaría solo.

 

      Tengo que dar gracias a Dios por la familia que tengo, por mi hijo y sobre todo por mi mujer que a pesar de mi comportamiento, de mis malas formas y mis malos modos siempre ha estado a mi lado aguantándome, pasando malos ratos sin quejarse, siempre en un segundo plano, muchas veces criticada por mi culpa pero siempre conservando las formas y sabiendo estar en su sitio sin perder los modales.

 

      También quiero dar gracias a Dios por darme otra oportunidad para poder empezar a aprender a vivir sin el alcohol.

 

 

SOCIO DE PREAMAR

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